Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Cuando Jerry se quedó solo en medio de las tinieblas, desmontó para aliviar de su peso al caballo, y para limpiarse el lodo de la cara y sacudir el sombrero, en cuyas alas podían haberse depositado cerca de dos litros de agua. Tras esta doble operación, se volvió rumbo a Londres y empezó a bajar la pendiente llevando de las riendas el caballo.
—Después de lo que hemos corrido —le dijo al animal—, no me fiaré de tus cuatro patas hasta que estemos en Temple Bar[9]. —Y, tras una pausa, añadió—: ¡«Resucitado»! ¡Qué respuesta tan extraña! ¿Qué sería de ti, pobre Jerry, si resucitasen los muertos? ¡Qué cuenta tan embrollada tendrías que arreglar con algunos de ellos!