Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —«Esperad a la señorita en Dover». Ya veis que no es muy larga —dijo el señor Lorry al guarda. Y añadió dirigiéndose al emisario—: Diréis en casa que he respondido con la palabra «resucitado».
—¡Qué respuesta tan particular! —exclamó Jerry con su voz más ronca.
—Llevádsela, sin embargo, a esos señores y se convencerán asà de que he recibido su carta. Buenas noches, Jerry; volved a casa lo antes posible.
Y, después de pronunciar estas palabras, el caballero abrió la portezuela y entró en el coche. Sus compañeros de viaje habÃan ocultado deprisa sus bolsas y relojes en sus anchas botas y fingÃan estar sumidos en el más profundo sueño. Cerrada la portezuela, continuó su marcha el carruaje, y al bajar por la pendiente se envolvió en una niebla cada vez más densa.
El guarda dijo en voz baja al cochero:
—Tom, ¿has oÃdo esa respuesta?
—SÃ.
—¿Qué te parece?
—No sé qué decirte; no la entiendo.
—Ni yo tampoco —respondió el guarda, sorprendido de la coincidencia de opinión con el cochero.