Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —SÃ, señor, no temáis; el honor de la familia no quedará mancillado, al menos en Francia.
La campanilla habÃa dado la orden de encender la luz en el aposento del señor marqués, el cual echó una ojeada a la puerta mientras se abrÃa, prestó atención y esperó para continuar la conversación a que se hubiese retirado el criado.
—Sin duda —dijo— ha de tener Inglaterra muchos alicientes para vos, porque la posición que ocupáis allà no es muy ventajosa. No me parece grande vuestra prosperidad —añadió riendo.
—Creo haberos dicho que os lo debo a vos. Por otra parte, si partà a Inglaterra no fue para enriquecerme, sino para buscar un refugio.
—Inglaterra presume de ser un asilo para muchas personas. ¿No conocéis a un francés refugiado como vos en ese paÃs hospitalario, un doctor en medicina?
—SÃ, señor.
—¿Tiene una hija?
—SÃ, señor.
—Muy bien —dijo el señor marqués—. Buenas noches y descansad, porque debéis de estar muy fatigado.