Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —AbandonarÃa estas tierras para irme a vivir a otro paÃs y de distinto modo que mis antepasados. Será un débil sacrificio, sin embargo, alejarse de un sitio como este, donde todo es ruina y miseria.
—¿S� —dijo el señor marqués, mirando el lujo que le rodeaba.
—En esta sala la vista queda satisfecha —repuso el sobrino—, pero en el fondo y a la claridad del dÃa no es más que una torre vacilante de derroche, mala administración, extorsión, deudas, hipotecas, hambre, desnudez y sufrimiento.
—¿SÃ? —volvió a replicar el señor marqués con ironÃa.
—Si algún dÃa estas tierras son mÃas —prosiguió el joven—, las confiaré a manos más hábiles que las mÃas para que los hijos de los desgraciados que habiten esta comarca, donde tanto han padecido, no tengan que soportar tantos males. Pero no les haré yo esta justicia: sobre estas tierras y la familia que las posee pesa una maldición.
—Perdonad mi curiosidad —dijo el tÃo—; pero vos, con vuestros principios, ¿tenéis intención de vivir?
—Viviré, señor, como se verán obligados tal vez a vivir algún dÃa muchos nobles: viviré trabajando.
—¿En Inglaterra acaso?