Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Qué significa eso, caballero? Sabed que no me gustan las reticencias. ¿No soy digno de pedir su mano?
—¡Oh! SÃ, señor; muy digno.
—¿No es mi posición excelente?
—¿Quién lo duda?
—¿No es ella cada dÃa más hermosa?
—Nadie lo niega —respondió el señor Lorry, sintiendo la satisfacción de poder dar su aprobación a plena conciencia.
—Pues, en tal caso, ¿qué significa vuestro asombro? —preguntó el abogado con orgullo.
—Significa que… ¿Vais ahora? —repuso el señor Lorry.
—Ahora —respondió el señor Stryver, dando un puñetazo en el escritorio.
—Pues bien, si me hallara en vuestro lugar…
—¿Qué?
—No irÃa.
—¿Por qué? —exclamó el señor Stryver—. Exijo una respuesta categórica, y contad que os perseguiré hasta las últimas trincheras —añadió, meneando el dedo Ãndice con un movimiento oratorio de moda en los tribunales—. Sois una persona formal que no habla sin conocimiento de causa. Exponed, pues, vuestras razones y decidme por qué no debo dar un paso que es el resultado de largas y maduras reflexiones.