Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Carton podía haber brillado en alguna parte, pero a buen seguro no en casa del doctor. Sus visitas habían sido frecuentes a lo largo del año, y siempre había sido el mismo visitante de carácter difícil y huraño. Cuando tomaba la palabra se expresaba con buen criterio y hasta con elocuencia, pero raras veces dejaba vislumbrar su máscara de indolencia la luz que brillaba en su alma. Y, sin embargo, tenía tanta querencia a aquel asilo de paz que hasta amaba las piedras de sus calles.
¡Cuántas noches había pasado paseando por ellas cuando la embriaguez no le distraía de sí mismo! ¡Cuántas veces le sorprendieron las primeras luces del día en aquel bendito rincón! ¡Cuántas veces el sol, iluminando poco a poco los campanarios de las iglesias y los grandes edificios, le despertó el recuerdo de las nobles empresas a las que debía renunciar! El lecho que tenía en Temple Court lo veía menos que nunca y, si alguna vez, abrumado de cansancio, iba a reposar en él al salir del despacho del abogado, se acostaba unos minutos y se levantaba inmediatamente para ir a recorrer las cercanías de la casa de Lucie Manette.
