Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Por su elevada estatura —contestó el aldeano, tocándose la punta de la nariz con el dedo Ãndice de la mano derecha—. Cuando el señor marqués me preguntó cómo era, «Alto como un fantasma», le contesté.
—TendrÃas que haber respondido que era pequeño como un enano —dijo Jacques segundo.
—¿Qué sabÃa yo? —repuso el caminero—. TodavÃa los hechos no se habÃan consumado. Tened en cuenta además que no fui yo el que se ofreció a declarar. Estaba cerca de la fuente, el señor marqués sacó la mano por la portezuela y dijo señalándome: «Gabelle, dile a ese rústico que se acerque». Ya veis, señores, que no tenÃa otro remedio que obedecer.
—Tiene razón —le dijo monsieur Defarge a Jacques segundo—. Continúa, Jacques quinto.
—¡Bien! —dijo el aldeano, con aire misterioso—. El hombre es un fugitivo, pero lo buscan. ¿Desde cuándo? Nueve meses… diez… once…
—Qué más da —dijo el tabernero—. Está bien escondido, pero por desgracia lo descubren. Continúa.