Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Otros dicen —prosigue el campesino—, en las conversaciones de la fuente, que la han traÃdo a la aldea para darle muerte en la misma región donde se cometió el crimen, y que indudablemente será ejecutado, y hasta no falta quien asegura que, habiendo asesinado al señor marqués, y considerándose a este padre de sus feudatarios, se le aplicará la pena de los parricidas. Uno de los viejos de la aldea dice que le pondrán un puñal en la mano derecha y se la quemarán toda, que después le harán en los brazos, en el pecho y en todo el cuerpo heridas donde echarán aceite hirviendo, plomo derretido, resina, azufre y cera encendida, y que finalmente le arrancarán los miembros descuartizándolo con caballos. Aquel viejo dice que asà se habÃa hecho con un parricida que habÃa atentado contra la vida de Luis XV. ¿Cómo puedo decir si miente cuando ni siquiera sé leer?
—¡No mentÃa… no! —dijo el que escuchaba arrodillado—. Óyeme, Jacques, y no olvides lo que voy a decirte. Ese parricida se llamaba Damiens, y se cometieron con él todos esos horrores en pleno dÃa, en medio de la calle. Entre la multitud que fue a gozar de esos tormentos se veÃan en gran número mujeres de distinción, mujeres elegantes que no se marcharon hasta el fin del suplicio, ¡hasta el fin, Jacques! Era de noche, el desgraciado habÃa perdido un brazo y dos piernas y aún respiraba. SÃ, todo eso se hizo. Pero ¿qué edad tienes?