Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —SÃ, Jacques; es cierto —dijo uno de los jueces—. Uno de esos alegatos fue presentado al rey y a la reina. Defarge lo entregó un dÃa exponiendo su vida y viéndose casi atropellado por los caballos del coche. Nosotros cuatro vimos ese alegato en manos del rey.
—SÃ, Jacques —dijo el hombre que estaba arrodillado detrás de sus compañeros y que con su mano convulsiva se acariciaba la boca como si lo dominase un hambre canina—; sÃ, Jacques, y los guardias del rey de a pie y de a caballo rodearon al que entregó el alegato y lo maltrataron. ¿Lo oyes, Jacques? Lo maltrataron.
—Está bien —dijo monsieur Defarge—; continúa, Jacques quinto.