Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Los tres Jacques y el tabernero escucharon este relato con gesto sombrÃo, intercambiando miradas de odio y de sed de venganza. Por lo demás, tenÃan el rostro tranquilo y su actitud era severa y llena de autoridad. Dos de estos jueces implacables estaban sentados sobre un jergón con la barba apoyada en una mano, mirando al caminero, y Jacques tercero, no menos atento, estaba arrodillado detrás de ellos acariciándose con los dedos crispados sus labios pálidos. Monsieur Defarge, en pie entre los jueces y el testigo, que habÃa colocado cerca de la ventana, miraba alternativamente al caminero y al tribunal.
—Continúa, Jacques —dijo después de un momento de silencio.
—Está allà más de una semana —explicó el campesino del gorro azul—. Toda la aldea se muere de miedo y no se atreve a acercarse, pero lo observan de lejos; y al anochecer, cuando terminado el jornal nos juntamos en la fuente, todos volvemos la cabeza hacia la cárcel. Ya os podéis figurar cuánto se habla allÃ: unos dicen en voz baja que no será ejecutado y que se han hecho alegatos en los que se demuestra que se habÃa vuelto loco desde la muerte de su hijo, y hasta añaden que uno de esos alegatos ha llegado a manos del rey. Yo no sé lo que hay de cierto sobre este punto, pues lo mismo puedo decir que es verdad como que es mentira.