Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Madame Defarge miró al caminero con expresión imperiosa e inclinó la cabeza afirmativamente.
—¿Aplaudirás y llorarás siempre que la multitud grite? —le preguntó la tabernera.
—Es muy posible, señora.
—Si te enseñasen un montón de muñecas y te arrojasen sobre ellas diciéndote que las hicieras pedazos, ¿elegirÃas la más brillante?
—¡SÃ, por cierto!
—Si te pusieran delante de una bandada de pájaros que no pudieran huir y te mandasen que los desplumaras en tu provecho, ¿exterminarÃas al que tuviese el plumaje más rico?
—SÃ, sin vacilar.
—Pues has visto aquà magnÃficas muñecas y ricos pájaros —le dijo la tabernera, indicando el sitio por donde acababa de pasar la corte—. Ya puedes volverte ahora a tu aldea.