Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —En tal caso —respondió el anciano— se portaron muy mal conmigo, porque tendrÃan que haberme consultado sobre la elección del patrón con que habÃan de cortarme. Pero bastante se ha hablado de mÃ. Querida Lucie —continuó el excelente amigo, rodeando con el brazo la cintura de la novia—, oigo ruido en el gabinete de vuestro padre, y la señorita Pross y yo somos personas demasiado prácticas para perder la última ocasión de deciros alguna cosa que os sea agradable. Las manos en las que dejáis a vuestro padre no serán menos atentas ni menos afectuosas que las vuestras, se tendrán con él todos los cuidados imaginables, el mismo Tellsone se esforzará en adivinar sus deseos, y cuando dentro de quince dÃas vaya el doctor a reunirse con vos en el paÃs de Gales, lo encontraréis no solamente con salud, sino completamente feliz. Oigo que alguien se dirige hacia la puerta; permitidme que os abrace, hija mÃa, y os dé la bendición antes de que vengan a reclamaros como un precioso tesoro.
Contempló un momento a la encantadora Lucie, miró aquel hermoso rostro cuyas llamas expresivas le eran tan conocidas, y la abrazó con una finura y un cariño que, aunque pudiera decirse que semejantes cosas han caducado, son tan antiguos como el mundo.