Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Una noche de mediados de julio de 1789, el señor Lorry entró en casa de los Manette; aunque era muy tarde, acababa de salir del despacho de Tellsone. Tomó asiento y se colocó entre Lucie y Charles cerca de la ventana. La sala no estaba alumbrada, y el calor sofocante y el cielo oscuro y nublado recordaron a los tres amigos los relámpagos siniestros de la tormenta que habían contemplado un domingo a aquella misma hora.
—Ya empezaba a creer —dijo el señor Lorry, arreglándose la peluca— que iba a pasar la noche en el despacho; hemos tenido tanto que hacer desde esta mañana que no sabíamos por dónde empezar. Reina tan viva inquietud en París que estamos literalmente muertos de cansancio; todo el mundo nos confía su fortuna, y, al ver la precipitación con que nos asedian, se diría que los franceses están atacados por una locura colectiva de colocar sus fondos en Inglaterra.
—¡Mal presagio! —dijo Charles.
—Es posible, querido Darnay, pero hasta ahora no veo motivo fundado para tanta alarma. Nos hacemos viejos en la Banca Tellsone, y no tendrían que imponernos un aumento de trabajo tan enorme sin una razón de peso.
—Ya sabéis —repuso Darnay— cuán encapotado está el cielo.