Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Bajad el farol! —gritó Saint Antoine después de buscar un nuevo instrumento de suplicio—. ¡Ahà tenéis un soldado que debe subir a su puesto!
El centinela se balanceó en el aire; y siguió su curso la marea de aquel mar oscuro y amenazador cuyas olas destructoras se empujaban con furia, cuya profundidad no se ha sondeado nunca y cuya fuerza no adivinaba aún nadie; oleaje ciego y sin remordimiento, océano implacable, del que surgÃan brazos inflexibles, gritos de odio y de venganza, y rostros tan endurecidos por la miseria que la compasión no podÃa ya dejar en ellos su impronta.