Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Se alza un grito, un hombre corre a las caballerizas y un caballo parte a escape animado por la voz y por la espuela, cruza el espacio a través de las tinieblas, se detiene bañado en espuma cerca de la fuente de la aldea y una voz exclama:
—¡Auxilio, Gabelle, auxilio!
La campana toca a rebato con impaciencia, pero nadie acude a la llamada. En la fuente se halla el caminero con sus doscientos cincuenta amigos contemplando la llama que brilla en el cielo.
—Debe de tener lo menos doce metros de altura —dicen, sin moverse.
El jinete del castillo y su caballo cubierto de espuma se alejan, suben la cuesta pedregosa y se dirigen a la cárcel. En la puerta hay un grupo de oficiales que contemplan el incendio; aparte, un grupo de soldados.
—¡Socorro, señores oficiales! ¡Socorro! ¡El castillo está ardiendo! ¡AuxÃliennos y salvaremos algunos objetos preciosos!
Los oficiales se vuelven a los soldados, pero no dan orden alguna, y contestan, encogiéndose de hombros y mordiéndose los labios:
—¿Qué queréis que hagamos? No tiene remedio.