Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Y yo os repito que no os burléis de mÃ. Cuando haya concluido este último negocio, es muy posible que acepte la proposición que me hace Tellsone y me retire para vivir a mis anchas. Entonces tendré tiempo para sentir el peso de los años y recordar que ya no soy joven.
Este diálogo tenÃa lugar en el escritorio del señor Lorry. A dos pasos de allÃ, Monseigneur se vanagloriaba del castigo que no tardarÃa en imponer a la canalla insurreccionada: tenÃa muy arraigada la idea, en medio de sus percances, de considerar esa terrible revolución la única cosecha que habÃa madurado en el mundo hasta entonces sin haber sido sembrada, y hablaba de ella como si nada se hubiera hecho ni omitido para conducir a ese resultado, y como si algunos servidores, al ver la suerte de 1as masas y el mal empleo de los recursos que podÃan haber hecho la prosperidad del pueblo, no hubieran visto fraguarse la tormenta, ni, francamente, lo que ahora estaban viendo.
Esta excesiva fatuidad de Monseigneur, unida a sus proyectos extravagantes para restablecer un orden de cosas que habÃa cansado al cielo y a la tierra, era inaceptable para cualquier persona sensata y que estuviese enterada de la situación. Esos humos, que zumbaban en los oÃdos de Charles, aumentaban el malestar moral que sentÃa sin explicárselo y causaban su agitación.