Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —No os burléis, señor Darnay. Debéis saber, amigo mÃo —añadió el señor Lorry, volviendo a mirar al jefe de la casa—, que es imposible sacar actualmente de ParÃs cosa alguna. Os diré en confianza, y os confieso que no deberÃa hacerlo ni siquiera a vos, que hoy han llegado a nuestras manos documentos y objetos preciosos por conducto de emisarios de lo más extraño que podáis imaginar, y cuya vida pendÃa de un hilo cuando pasaron la frontera. En otro tiempo nuestros paquetes viajaban por Francia con la misma facilidad que en la mercantil Inglaterra, pero hoy nada puede ya circular…
—¿Y pensáis partir esta noche?
—Esta misma noche; la situación es muy apremiante y no admite la menor dilación.
—¿PartÃs solo?
—Me han propuesto toda clase de compañeros, pero ninguno de ellos me conviene. Tengo intención de llevarme a Jerry; es desde hace muchos años mi guardia de corps y estoy acostumbrado a sus servicios. Nadie sospechará que sea algo más que un perro ni que albergue otro designio que el de morder al que intente tocar a su amo.
—Lo repito, no me canso de admirar vuestra nobleza y vuestra generosidad.