Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Estáis contando la historia de mi padre! —exclamó la señorita Manette levantándose—; recuerdo que, cuando murió mi madre, me llevasteis vos a Londres.
El señor Lorry cogió la trémula mano que se acercaba a la suya y, después de besarla con gracia respetuosa, hizo sentar otra vez a la joven, apoyó la mano izquierda en el brazo del sillón, y se sirvió de la derecha para frotarse la barba, arreglarse la peluca o subrayar sus palabras con el movimiento del Ãndice.