Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Charles habÃa guardado, pues, el secreto que le impusiera su suegro; la misma Lucie estaba muy lejos de sospechar que su marido tenÃa otro apellido, y en igual caso se hallaba el señor Lorry.
—Nada —respondió el señor Lorry al jefe de la casa—. He enseñado esta carta a todos los que vienen aquà y nadie ha podido señalarme el paradero de ese marqués.
—Creo que es el sobrino, pero en todo caso el indigno heredero de aquel noble distinguido que murió asesinado en su castillo —dijo uno de los que pasaron—. Me alegro de no haberlo conocido.
—Un cobarde que desertó de su patria hace unos quince años —dijo otro que acababa de llegar de ParÃs medio ahogado en un carro de heno.
—Infectado de doctrinas filosóficas —añadió otro, mirando el sobre a través del lente—, hizo una oposición constante a su tÃo y ha entregado sus bienes al populacho vil. Espero que esos canallas le darán el pago que merece.
—¿Será cierto? —dijo Stryver—. Quisiera saber el nombre de ese extravagante. Veamos el sobre… ¡Vaya, al diablo la filosofÃa!
Darnay, no pudiendo contenerse más, puso la mano sobre el hombro del abogado de la Sala de la Corte del Rey y le dijo:
—Yo conozco a ese extravagante filósofo.