Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Pues lo siento.
—¿Por qué?
—¿No habéis oÃdo lo que han dicho estos caballeros?
—SÃ.
—Pues no preguntéis por qué.
—Por el contrario, lo pregunto.
—Pues bien, señor Darnay, os repito que lo siento por vos y siento además que me hagáis semejante pregunta. Ese marqués es un ser imbuido de pestilentes doctrinas, gangrenado por principios blasfemos, que abandona sus tierras a la escoria de la sociedad, a una gente malvada que se entrega al asesinato en masa, y ¿me preguntáis por qué lamento que semejante idiota sea conocido de un hombre que instruye a la juventud? Solo puedo daros una contestación, señor mÃo: lo lamento porque el contacto con ese rufián debe manchar a los que lo tratan.
Charles reprimió su ira, aunque con mucho esfuerzo, recordando que habÃa jurado guardar el secreto, y le dijo al abogado:
—Tal vez ignoráis los motivos que mueven al marqués, y, por lo tanto, no podéis comprender…