Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El único crimen de que me acusan, que me tiene en esta cárcel y por el cual voy a ser condenado a muerte si no sois bastante generoso para acudir en mi auxilio, señor exmarqués, es el de haberme hecho culpable de alta traición contra el pueblo obrando en nombre de un emigrado. En vano trato de manifestarles que obraba, por el contrario, en favor del pueblo al cumplir vuestras órdenes, que mucho antes del secuestro había perdonado siempre, también por orden vuestra, el impuesto a los que no lo pagaban (y nadie lo pagaba), y que, a pesar de no percibir el pago de los arriendos, me había abstenido de perseguir a los deudores. Me contestan a esto que, sin embargo, obraba por poderes de un emigrado, y me preguntan dónde está ese emigrado.
¡Ah! ¿Dónde estáis, señor exmarqués? Os llamo en mis sueños, y os pido en nombre del Señor que acudáis en mi auxilio. Pero ¡no me contestáis! ¡Ah!, señor, dirijo a Inglaterra esta súplica con la esperanza de que podrá llegar hasta vos por conducto de la Banca Tellsone, banqueros muy conocidos en París.
Por amor de Dios y de la justicia, en nombre de vuestra generosidad y de vuestro honor os suplico, señor exmarqués, que vengáis a liberarme. Mi único delito consiste en haberos sido fiel, y, por lo tanto, os ruego ahora que no me abandonéis.