Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Desde esta horrible prisión donde por momentos me aproximo a la muerte, os profesa su lealtad vuestro respetuoso y afligido servidor,
GABELLE
Charles comprendió enseguida la causa del malestar que sentía; era el remordimiento por haber faltado a su deber. El peligro de aquel antiguo servidor, cuyo único crimen consistía en haberle sido fiel, se alzaba en su alma como un espectro acusador, y le dirigía tales reproches que hubo de cubrirse el rostro para ocultar su rubor.
Sabía muy bien que, en su horror al acto que había coronado la mala reputación de su familia, en su resentimiento contra la memoria de su tío, y en su aversión a los bienes de los que podía haber dispuesto, no había obrado como debía; sabía muy bien que, absorbido por su amor, si había renunciado al cambiar de vida a los privilegios y a la riqueza que había heredado, esta renuncia era incompleta y no tenía mérito alguno; y se decía que, en vez de aquella cesión personal que ninguna formalidad había sancionado, tendría que haber reconocido sus derechos, disponer de la fortuna de la que era depositario y darle una aplicación útil. En otra época había pensado hacerlo, y al llegar la ocasión oportuna lo había perdido todo por su indolencia.