Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Las alegrías del hogar, la necesidad de un trabajo continuo, las turbulencias que habían ocurrido en Francia, la rapidez de los acontecimientos y su inestabilidad, que destruía hoy los proyectos formulados ayer, eran las razones que le habían impedido cumplir sus propias promesas. Había cedido a las circunstancias, no sin acusarse y arrepentirse, pero sin esforzarse en luchar contra la corriente; esperaba el momento de obrar, pero la ocasión huía siempre, y esa vacilación duró hasta la época en que los nobles tuvieron que huir de Francia y fueron confiscados sus bienes, destruidos sus castillos y anulados sus títulos.
Pero no había oprimido a nadie, ni había tenido a nadie en prisión, y en vez de emplear la fuerza para tomar posesión de lo que le pertenecía, había renunciado a ello por propia voluntad. Despojado de todos los privilegios que debía a su nacimiento, se había ganado la subsistencia con un trabajo decoroso. El señor Gabelle, el administrador de las empobrecidas tierras que poseía desde la muerte de su tío, había recibido la orden, escrita de su propia mano, de tener consideración con los aldeanos y de darles la poca leña en invierno y el poco centeno en verano que les dejasen los acreedores. ¿No eran suficientes estas medidas para que nada debiera temer?
Esta convicción confirmó el designio que forjaba Charles de partir para París.