Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El día siguiente fue doloroso para él, pues por primera vez desde que estaban casados, tenía un pesar que ocultaba a Lucie y le era muy costoso guardar el secreto. A cada instante se veía tentado de revelárselo, porque le parecía extraño pensar y obrar sin el dulce apoyo que en ella encontraba; pero, al verla tranquila y serena, censuraba las palabras que pugnaban por salir de sus labios y continuaba disimulando su turbación. Por penosa que le pareciera esta lucha, el día transcurrió rápidamente. Por la noche dijo que tenía que salir y que tal vez volvería tarde; abrazó varias veces a su mujer y a su hija, sacó de casa la pequeña maleta que había preparado en secreto y se alejó con el alma más triste que las calles sombrías y desiertas que cubría la densa niebla.
La fuerza invisible lo atraía ahora más rápidamente, y todas las mareas y vientos se dirigían, firmes y decididas, hacia ella. Confió sus dos cartas a un amigo fiel, le encargó que no las entregase hasta las once y media, montó a caballo, tomó el camino de Dover y emprendió su viaje con el corazón desfallecido al recordar a las amadas personas que abandonaba. «Por amor de Dios y de la justicia, en nombre de vuestra generosidad y de vuestro honor», murmuraba; y recobrando fuerzas mientras repetía estas palabras de desesperación, puso rumbo hacia el peñasco imantado.