Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Dos patriotas a caballo, con gorro rojo, escarapela tricolor y armados con el sable y fusil nacionales, marchaban al lado de Charles Darnay. Este dirigía su caballo, pero le habían atado una cuerda a la rienda cuyo extremo llevaba enrollado en el brazo uno de los hombres de la escolta. De este modo cruzaron la ciudad mientras llovía a raudales, y de este modo salieron al campo, que parecía un inmenso pantano, sin modificar las precauciones y acelerando solamente el paso de los caballos.
Viajaban de noche, hacían alto una hora o dos antes de amanecer y descansaban hasta la caída de la tarde. Los dos hombres de la escolta, para no mojarse tanto, se cubrían las piernas y los hombros con paja. A pesar de la contrariedad de llevar semejante cortejo y del peligro a que lo exponía uno de sus custodios, que, en medio de su embriaguez crónica, llevaba el fusil en una posición nada tranquilizadora, Charles no permitió que la coacción a que se veía sometido despertara serios temores en su corazón; pues se decía que no podía tener nada que ver con los pormenores de un caso individual que aún no se había establecido, ni con las declaraciones, que el prisionero de la L’Abbaye podría confirmar, que aún no se habían hecho.