Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

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Como era mediodía y el doctor no había vuelto, y cada minuto de dilación podía comprometer al banco, el señor Lorry manifestó su inquietud a Lucie, la cual le respondió que el doctor Manette tenía la intención de alquilar una habitación en las inmediaciones. Esta determinación no era perjudicial para los negocios y, siéndole imposible partir, aun suponiendo que Charles fuese puesto en libertad, el señor Lorry salió al momento a buscar una habitación, y no tardó en hallar una conveniente en una calle silenciosa y melancólica, cuyas casas anunciaban con sus persianas cerradas que estaban desiertas.

Condujo allí inmediatamente a Lucie, a la niña y a la señorita Pross, y les proporcionó todas las comodidades posibles. Les dejó como sirviente a Cruncher, en quien tenía confianza para custodiar la puerta y recibir sin quejarse una tunda de golpes en la cabeza, y volvió a su despacho. Se puso a trabajar con el corazón muy triste y el alma atribulada, y transcurrió para él el día con dolorosa lentitud.

Pero llegó la noche y se cerró el despacho, y el señor Lorry volvió a encontrarse solo en el mismo aposento de la noche anterior, y reflexionaba sobre lo que iba a hacer cuando oyó pasos en la escalera. Algunos instantes después entró un hombre que lo contempló con mirada atenta y le dirigió la palabra llamándolo por su nombre.


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