Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¡Madame Defarge! —exclamó el banquero, viéndola tal cual la había dejado diecisiete años antes.
—La misma —respondió el tabernero.
—¿Viene con vos? —preguntó el anciano al ver que se disponía a seguirlos.
—Sí. Reconoce las caras y conoce a las personas. Con ella estarán a salvo.
El señor Lorry, que empezaba a reparar en la actitud del tabernero, lo miró con expresión de inquietud, pero abrió la marcha y se dirigió a la casa de Lucie.
De las dos mujeres que lo seguían, la segunda era la Venganza.
Cruzaron con rapidez las calles, subieron la escalera, Jerry los recibió y encontraron a Lucie sola y llorando. Grande fue su alegría al oír las noticias que le dio el anciano, y estrechó la mano que le ofrecía el billete de Charles, sin sospechar lo que había hecho esa mano las dos noches anteriores y lo que solo la casualidad le había impedido hacer contra su marido.
Ánimo, querida mía, estoy sano y salvo y tu padre ejerce una gran influencia aquí. No trates de contestarme y da un beso a nuestra hija.