Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

Mientras escuchaba estos horribles detalles, el señor Lorry pensó con un escalofrío que semejantes pruebas podían conmover nuevamente las facultades intelectuales de su amigo. Sin embargo, el doctor, a pesar de sus sesenta y dos años, no le había parecido nunca dotado de tanta energía física ni de tanta fuerza moral. En efecto, este pensaba por vez primera en su antiguo martirio para felicitarse por él, y no deploraba ya aquella época de padecimientos en la que había forjado la palanca que abriría la cárcel de Charles y le permitiría salvar al marido de su hija.

—Ya veis —dijo— cómo debían servirme algún día mis desgracias, y que no era todo desastre y ruina en el pobre zapatero. Mi hija adorada me restituyó a la vida y a la razón, y yo le restituiré ahora la parte más querida de su ser. Estad seguro, amigo mío, de que lo conseguiré.

El señor Lorry, al ver su mirada firme, sus facciones tranquilas y su actitud resuelta, no pudo menos de creer lo que decía aquel hombre cuya vida parecía haberse parado como el movimiento de un reloj y que recobraba de pronto su primitiva actividad.



👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker