Historia de dos ciudades

Historia de dos ciudades

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Los magistrados llevaban sombreros con plumas, pero predominaba en todos los puntos del salón el gorro frigio adornado con la escarapela tricolor. El acusado habría podido creer, a juzgar por los jurados y el público, que se había invertido el orden natural de las cosas, y que los criminales juzgaban a los hombres de bien. Todo lo más vil y más atroz que hay en el populacho de una gran ciudad dirigía los debates, hacía estrepitosos comentarios, reprobaba y anticipaba y precipitaba el fallo sin la menor oposición por parte del tribunal. La mayoría de los hombres iban armados y algunas mujeres llevaban puñales y cuchillos; entre ellas no pocas comían y bebían mientras asistían a la audiencia, y otras hacían punto. Una de estas tenía una faja tejida debajo del brazo, y no era la que trabajaba con menor dedicación. Colocada en primera fila, estaba a su lado un hombre que el acusado no había visto desde su llegada a París, pero en quien reconoció inmediatamente al ciudadano Defarge. La mujer de la faja habló una o dos veces al oído de su vecino, de lo cual dedujo Charles que era la tabernera, y lo que más le llamó la atención fue la afectación con que la pareja miraba a los jurados sin mirarlo a él, a pesar de hallarse muy cerca. Debajo del presidente estaba sentado el doctor Manette con su traje ordinario: él y el señor Lorry eran los únicos de la sala que no habían adoptado las insignias revolucionarias.


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