Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Empezó entonces una de las manifestaciones a las que se entregaba algunas veces el populacho en aquellos días de furor sanguinario. ¿Lo hacía obedeciendo a un espíritu versátil, cediendo a los impulsos generosos o piadosos que germinaban en él, o para compensar las atrocidades que pesaban sobre su conciencia? Nadie podría decirlo, y es probable que estos tres motivos interviniesen, aunque predominaba sin duda el segundo. En cualquier caso, apenas se dio la absolución brotaron abundantes lágrimas, y abrazaron y besaron a Charles Darnay tantas personas de ambos sexos que este casi se desmayó, porque estaba debilitado por su larga prisión y profundamente conmovido al pensar que aquella misma multitud, empujada por otra corriente, le habría despedazado con igual entusiasmo.