Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Mientras Charles la estrechaba contra su pecho, procurando colocarse entre ella y los que lo escoltaban para que no la viera la muchedumbre, algunos individuos se pusieron a bailar y, habiendo seguido inmediatamente su ejemplo todos los demás, se improvisó la carmañola en el patio. Después llevaron en la silla triunfal a una joven que representó a la Diosa de la Libertad, y la carmañola, saliendo del patio del doctor, invadió las calles vecinas, el muelle y el puente, y se alejó como un torbellino, y creciendo como el alud que baja de las montañas.
Charles, después de estrechar la mano del doctor, que lo contemplaba con orgullo, y la del señor Lorry, que llegaba sin aliento y cansado de bregar con los danzantes, y después de dar un beso a la tierna Lucie, que le levantaron para que pudiera abrazarlo, y de saludar a la fiel Pross, que sostenía a la niña, tomó en sus brazos a su esposa y le dijo:
—Lucie, vida mía… me he salvado… ¡Soy tuyo!
—Charles, amado mío, déjame dar gracias a Dios del mismo modo que aún le rogaba ayer.
Todos inclinaron su rostro y su corazón.
—Ahora, ángel mío, habla con tu padre y dile lo que siento; nadie en el mundo habría podido hacer lo que él ha hecho por mí.