Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Lucie apoyó la cabeza en el pecho del doctor Manette como en otro tiempo se había apoyado en el suyo la pobre cabeza del zapatero. Este había conseguido al fin la recompensa de todos sus males, y estaba contento y orgulloso.
—¿Por qué tiemblas? —dijo con tono de reproche y, sin embargo, lleno de dulzura—. ¿Por qué tiemblas ahora? Lo he salvado; ya pasó el peligro.