Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El vino era tinto, y se había derramado en una angosta calle del arrabal de Saint Antoine de París, manchando el suelo, y también muchas manos, caras, pies descalzos y zapatos de madera. El aserrador iba manchando de rojo los troncos que manejaba; la mujer que daba el pecho a su hijo llevaba en el rostro manchas rojas dejadas por el harapo que se había quitado de la cabeza para emplearlo como esponja; los que habían mascado las duelas enrojecidas del tonel tenían en torno a la boca las huellas que se ven en los labios de los tigres; y uno de aquellos hombres que estaban de buen humor, con un gorro de algodón que le caía sobre la espalda, mojó el dedo en el lodo vinoso y escribió en la pared la palabra «Sangre».
Habría de llegar un día en que la sangre correría sobre el empedrado de las calles y dejaría manchas rojas en la cara y en las manos de la mayor parte de los que allí se encontraban.