Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El fiscal pronunció sobre este punto un dictamen lacónico.
—¿El acusado ha sido denunciado abierta o secretamente?
—Abiertamente.
—¿Por quién?
—Por tres individuos.
—¿Sus nombres?
—Ernest Defarge, tabernero en el barrio de Saint Antoine.
—Bien.
—Thérèse Defarge, su mujer.
—Bien.
—Y Alexandre Manette, doctor en medicina.
Tumulto en la sala y, en medio de ella, el doctor Manette pálido y temblando en su sitio.
—Presidente —exclamó—, protesto. La acusación que se me atribuye es mentira, una abominable calumnia. Sabéis que el acusado es el marido de mi hija, y las personas que ella ama son para mà más preciosas que la vida. ¿Quién es el infame que ha podido decir que denunciaba al que es la alegrÃa de mi hija?
—Cálmate, ciudadano Manette; la falta de sumisión al fallo del tribunal te pondrÃa fuera de la ley. En cuanto a los individuos que son para ti más preciosos que la vida, nada puede ser tampoco más precioso que la República a un buen ciudadano.