Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades El señor Lorry y Carton lo sentaron delante de la chimenea y le prometieron que muy pronto tendrÃa sus herramientas y los zapatos. El doctor Manette se desplomó en el sillón, sin apartar la mirada de la llama y se cubrieron de lágrimas sus mejillas. Todo lo que habÃa pasado en aquellos dieciocho años pareció que no era más que un sueño, y el señor Lorry volvió a encontrarse al lado del infeliz que Defarge albergaba en su buhardilla.
Por grande que fuera el dolor que inspiraba a los dos amigos aquel espectáculo, no era momento para entregarse a la emoción, y el recuerdo de la pobre mujer que perdÃa a un tiempo su última esperanza y su único sostén les recordaba vivamente lo que tenÃan que hacer.
—Se perdió la última esperanza —dijo Carton—, pero era tan vana que no podemos lamentarlo. Creo que deberÃais conducirlo a su casa, pero dignaos antes escucharme. No me hagáis preguntas acerca de los consejos que voy a daros ni de la promesa que tengo que pediros; tengo un motivo poderoso para obrar asÃ.
—No lo dudo —dijo el señor Lorry—; os lo prometo todo desde ahora.
El doctor movÃa mientras tanto la cabeza con expresión dolorosa y gimiendo.