Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades No se supo nunca si habÃa ido a ver a alguien o si habÃa vagado al azar. El señor Lorry y Carton no le hicieron ninguna pregunta, porque su rostro les anunciaba todo lo que debÃan saber.
—No he podido encontrarlo —dijo, buscando con la mirada por la sala—, y, sin embargo, lo necesito. ¿Dónde lo han puesto?
No llevaba corbatÃn, ni sombrero, y mientras examinaba el pavimento, se quitó la casaca y la tiró al suelo.
—Mi banco… ¿dónde está? Lo he buscado por todas partes. ¿Qué han hecho de mis herramientas, de mi trabajo? El tiempo corre… Tengo que acabar estos zapatos.
Los dos amigos se miraron y sintieron desfallecer su corazón.
—Por favor —dijo, con voz quejumbrosa—, devolvédmelo; necesito trabajar.
No recibiendo contestación se tiró de los cabellos y pateó el suelo como un niño enojado.
—No atormentéis a un pobre miserable —exclamó con voz desgarradora—, dadme mi trabajo. ¿Qué será de mà si no acabo los zapatos?
¡Estaba perdido… perdido sin remedio!