Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Queréis decir que ningún peligro los amenaza?
—Por el contrario, madame Defarge va a denunciarlos: lo sé de su propia boca. Ha dicho delante de mà varias cosas que me inspiran fundados temores, e inmediatamente he ido a ver a Barsad, el cual ha confirmado mis sospechas. Según parece, un aserrador que vive detrás de La Force, y que está bajo la autoridad de la tabernera, le ha contado que la habÃa visto —Carton no pronunciaba nunca el nombre de Lucie— hacer señas a los presos. Es fácil prever una acusación de conspiración contra la República, acusación que se castiga con la pena de muerte y que podrÃa extenderse a su padre y a su hija… No temáis, los salvaremos.
—¡Dios lo quiera! Pero ¿cómo haremos…?
—Eso depende de vos, es decir, que el éxito es seguro. La denuncia de madame Defarge no se hará hasta pasado mañana, y es probable que espere incluso algunos dÃas más. Sabéis que es un crimen llorar por los desgraciados que perecen en el cadalso; el doctor y su hija se harÃan indudablemente culpables de este crimen, y la denunciante, cuyo odio inveterado es imposible describir, esperará algunos dÃas para añadir esta nueva acusación a los cargos anteriores. ¿Haréis lo que os digo? ¿Me prestáis atención?
—SÃ, y tanta que hasta lo habÃa olvidado —dijo el anciano, señalando al doctor.