Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Tenéis dinero, y podéis llegar a la costa fácilmente. Habéis hecho ya todos los preparativos para regresar a Inglaterra, pedÃs mañana caballos de posta y partÃs a las diez.
—Lo haré asÃ.
El entusiasmo con que hablaba Carton inspiraba al anciano un ardor que no era propio de su edad.
—Sois un noble amigo —repuso Carton—, y sabÃa que podÃamos contar con vos. Id enseguida a anunciarle el peligro que la amenaza, decidle que su padre y su hija perecerÃan con ella, e insistid especialmente en esta consideración, porque madame Defarge tendrÃa un gran placer en dejar su hermosa cabeza en el cadalso al mismo tiempo que la de su marido. —Su voz se alteró al pronunciar estas palabras, pero continuó con firmeza—. Por el amor que os inspira, por su hija y por su padre haced que comprenda la necesidad de partir inmediatamente. Decidle que es la última voluntad de quien la ama. ¿Creéis que su padre obedecerá en el estado en que se encuentra?
—Obedecerá.
—Bien. Haced con cautela todos los preparativos necesarios. Que el coche esté en el patio a las diez, y subid vos primero para que ella pueda salir después de que vuelva yo de la cárcel.
—Se hará todo como decÃs. ¿Debo esperaros suceda lo que suceda?