Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —Indudablemente; tenéis mi pasaporte y mi equipaje; guardadme un asiento, y no partáis sin que esté ocupado, pero no os detengáis entonces ni un momento.
—Bien —dijo el señor Lorry, estrechándole la mano—, no dependerá todo de un pobre viejo, pues tendré para sostenerme a un hombre joven y fiel.
—Asà lo espero; pero prometedme que ninguna influencia os hará modificar las disposiciones que acabo de daros y que nos comprometemos mutuamente a observar.
—Os lo prometo, Carton.
—Os lo suplico… No vaciléis ni retraséis un momento la partida. Abandonad al que nadie podrá salvar para no sacrificar tantas vidas preciosas.
—No temáis, no lo olvidaré; cumpliré mi misión.
—Y yo la mÃa. Podemos despedirnos… ¡Adiós!