Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Aunque pronunció esta palabra con expresión grave y formal y besó la mano del señor Lorry, no salió inmediatamente; ayudó al anciano a levantar a la figura que se balanceaba frente a las ascuas, la envolvió en una capa, le puso un sombrero y lo convenció de que los siguiese diciéndole que iban a ver dónde le habían escondido el banquillo y los zapatos. Y, sosteniendo en su brazo al doctor Manette, se dirigió a la casa donde velaba la mujer afligida que era tan feliz en la época en que le descubrió su corazón. Se detuvo algunos instantes en el patio, alzó los ojos hacia la habitación que ella ocupaba y, antes de partir, le envió una bendición y un adiós ferviente.