Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades Un espÃa espera con impaciencia en las gradas de una iglesia la llegada de los carros. Mira con avidez el primero: no está allÃ…; el segundo: tampoco. «¿Me habrá sacrificado?», se dice Barsad con terror. Pero al ver el tercer carro se serena de pronto su rostro.
—¿Quién es Evrémonde? —le pregunta un hombre que está detrás de él.
—El último del carro.
—¿El que estrecha la mano de esa muchacha?
—SÃ.
—¡Muera Evrémonde! —grita el hombre con toda la fuerza de sus pulmones—. ¡A la guillotina los aristócratas! ¡Muera Evrémonde!
—¡Silencio! —dice tÃmidamente Barsad.
—¿Por qué voy a callar, ciudadano?
—Va a expiar sus faltas. Dentro de cinco minutos habrá pagado sus deudas; no lo atormentemos, es inútil.
Pero el patriota sigue gritando:
—¡Muera Evrémonde! ¡Mueran los aristócratas!
El reo insultado levanta la cabeza, ve al espÃa, lo mira y el carro continúa su camino.