Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades »Veo al niño que lleva mi nombre crecer y seguir su camino en la vida donde yo me he extraviado; lo veo noble de corazón y de inteligencia; lo veo superar todos los obstáculos con tan feliz éxito que mi nombre se purifica y llega a ser ilustre con el brillo del suyo. Lo veo al frente de la magistratura de su país, honrado por todos, padre de un hijo que lleva también mi nombre y que tiene esos cabellos de oro y esa frente que tan bien conozco. Veo cómo lo trae aquí —a este sitio que ya es bello, sin rastro de la desfiguración de este día— y le cuenta mi historia con voz trémula y conmovida.
»Lo que hago hoy es infinitamente mejor que todo lo que habría podido hacer en el futuro, y por fin voy a gozar del descanso que nunca he conocido».