Historia de dos ciudades
Historia de dos ciudades —¿Qué gentes son esas a las que lo enseñáis as�
—Hombres de valor que llevan mi nombre (me llamo Jacques) y para los cuales es saludable este espectáculo. Vos sois inglés, y es muy distinto.
Monsieur Defarge se inclinó, miró por la hendidura de la pared, y, levantándose después, llamó dos veces a la puerta con la mano, sin más intención que la de hacer algún ruido, y por el mismo motivo hizo rechinar la llave en la cerradura. La puerta se abrió lentamente y el tabernero asomó la cabeza, diciendo ciertas palabras a las cuales respondió una voz débil; volviéndose hacia el señor Lorry y la señorita Manette, les indicó con un ademán que lo siguieran. El señor Lorry vio que la joven se tambaleaba y la sostuvo en sus brazos justo cuando iba a caerse.
—¡Valor, hija mÃa! —balbuceó, con la frente empapada en un sudor que nada tenÃa que ver con los negocios—. ¡Valor! Ya veis que no queda otro remedio que entrar.
—Tengo miedo —respondió ella estremeciéndose.
—¿De qué tenéis miedo, señorita?
—De él, de mi padre.