La Casa lugubre
La Casa lugubre Porque todavía no me había mirado en el espejo y no había pedido nunca que me devolviesen el mío. Sabía que era una debilidad que tenía que vencer de una vez, y me había prometido hacerlo cuando estuviera donde ahora estaba. Por eso había despedido a Charley y al quedarme sola me dije en mi habitación: «Esther, si quieres ser feliz, si quieres tener derecho a rezar para ser sincera, debes mantener tu palabra, querida». Estaba decidida. Pero fui a sentarme antes un momento para recordar todos los beneficios con que me habían colmado. Recé mis oraciones, y volví a meditar durante algunos minutos.