La Casa lugubre
La Casa lugubre El camino que seguía estaba embaldosado en aquel tramo, y mis pasos, que no hacían el menor rumor sobre la piedra por donde andaba, despertaban no obstante un eco sobre las baldosas del paseo. Pasé rápidamente. La ventana iluminada había quedado ya detrás de mí cuando el eco de mis pasos me hizo pensar en la espantosa verdad de la leyenda del paseo del fantasma. Que iba a ser yo la que debía llenar de luto aquella casa. Que iba a ser yo la que avisase a la familia de la desgracia que la amenazaba. Casi enloquecida de terror, y tratando de huir de mí misma, volví a tomar corriendo el camino que había seguido, y no paré hasta que crucé la verja exterior y hube dejado, detrás de mí, la masa fúnebre que formaba el jardín en sombra.