La Casa lugubre
La Casa lugubre —Compréndeme, Tony —prosigue Guppy, mientras ambos se dirigen hacia Cook’s Court—, puedes tener la seguridad, sin necesidad de que te lo repita, de que el Ãdolo está destruido, y que mi único objeto es sepultar todo lo que a él se refiere en el olvido más profundo. Es un deber que me he impuesto por respeto a mà mismo y por la imagen destrozada que un dÃa reinó en mi corazón. Si, pues, con una seña o una sonrisa me anunciases que has descubierto en tu antigua habitación los mencionados papeles, te declaro, Tony, que estoy dispuesto a quemarlos bajo mi propia responsabilidad.
El señor Weevle hace una señal de aprobación, y el señor Guppy, satisfecho de sà mismo y engrandecido ante sus propios ojos por la manera elocuente con que ha pronunciado estas palabras, anda con aire digno y solemne al lado de su amigo.