La Casa lugubre
La Casa lugubre Mientras suben la escalera, el señor Guppy interroga con la mirada al señor Weevle, que hace un ademán negativo.
Llegan a la antigua habitación de Tony, que les parece horrible. Está aún la ceniza del fuego que encendieron en la chimenea durante aquella noche memorable. Todo lo que tocan les inspira una repugnancia indecible. Se dan prisa en empaquetar los pocos objetos que han venido a recoger, y hablan en voz baja.
—¿Ves allá… ese gato que acaba de entrar? —dice el señor Weevle, retrocediendo con terror.
—Horrible animal, en efecto —responde William, amparándose detrás de la silla—. Small me ha contado que después de haber estado toda la noche muy furioso, huyó por el tejado, donde permaneció hasta el momento en que, flaco como un hueso, cayó por la chimenea. ¿Has visto nunca un animal semejante? DirÃase que comprende todo lo que pasa. Se parece al viejo Krook… ¡Eh, gato! ¡Gato! ¡Fuera de aquÃ, animal del infierno!
Lady Jane endereza la cola, enseña los dientes y sale dando fuertes bufidos. Cuando llega abajo, el señor Tulkinghorn tropieza con ello, la gata se vuelve, da un bufido sobre las medias negras del procurador, y vuelve a subir la escalera, echando maldiciones.
—Señor Guppy —dice el señor Tulkinghorn—, ¿me permitirá usted que hablemos dos palabras?