La Casa lugubre

La Casa lugubre

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—Es verdad —añade— que no soy digno de tener por consejero a un jurista tan eminente, pero, ¡es tan bueno este caballero!

El señor Guppy toca significativamente con el codo al señor Weevle para advertirle que observe por segunda vez en torno de la habitación, y saluda al señor Tulkinghorn, que hace una breve inclinación de cabeza. El eminente jurista presenta el aspecto de ser completamente extraño a lo que pasa en torno suyo, sin demostrar el menor interés.

—Habrán encontrado muchas cosas en esta casa, señor Smallweed —hace observar el señor Guppy.

—Montones de papeles y trapos viejos, querido amigo, objetos sin valor. Bart, Judy y yo trabajamos para hacer inventario de lo que puede venderse, y no hemos encontrado aún gran cosa, no hemos…

La cuerda ha fallado de nuevo y el señor Smallweed se detiene, mientras que la mirada del señor Weevle, seguida por la del señor Guppy, ha recorrido la habitación y ha vuelto a su punto de partida.

—No queremos estorbarles por más tiempo —dice el señor Weevle—, y les pido permiso para subir a la habitación que habitaba antes de la muerte del señor Krook.

—Suba usted, amigo mío, vaya a donde usted guste, considere que está usted en su propia casa.


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