La Casa lugubre

La Casa lugubre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Le dije a Ada que volvía pronto, y le pregunté a Charley si no había algún caballero con el señor Jarndyce.

La muchacha, cuya gramática hacía muy poco honor a mis enseñanzas, me respondió:

—Sí, señorita. Hay aquel caballero que vinió al campo con el señorito Richard.

Sería imposible hallar dos seres más opuestos que el señor Vholes y mi tutor. Me los encontré mirándose por encima de la mesa, uno tan abierto y el otro tan cerrado, uno tan robusto y erguido y el otro tan enjuto y encorvado, uno diciendo abiertamente lo que tenía que decir con una voz sonora y rotunda y el otro guardándoselo con un estilo tan cicatero y frío como el de un pez. Pensé que nunca había visto dos personas tan poco comparables.

—Conoces al señor Vholes, querida —me dijo mi tutor, debo decir que sin andarse con cumplidos.

El señor Vholes se levantó abotonado hasta la barbilla como de costumbre, y volvió a sentarse en su silla, de la misma manera que se había sentado junto a Richard en la calesa. Al no estar Richard para mirarlo, clavó la vista al frente.

—El señor Vholes —continuó mi tutor, dirigiendo una mirada de desconfianza a nuestro visitante, como si fuese un ave de mal agüero— nos trae malas noticias en relación al pobre Richard.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker