La Casa lugubre
La Casa lugubre —Disculpe, caballero, no lo ha mencionado, ¿es un secreto el nombre de esa persona? —pregunta el señor George.
—Lo es para este desgraciado, que le tiene miedo, pero no es otro que el señor Bucket.
—¿Bucket el detective, caballero?
—El mismo.
—Lo conozco —responde el sargento, después de lanzar al aire una densa nube de humo y de cuadrarse—, y el pobre muchacho se acerca mucho a la verdad al decir que… es un tipo extraordinario.
El señor George vuelve a coger la pipa de una manera significativa y mira a la señorita Flite, en silencio.
—Quisiera igualmente hacer saber a la señorita Summerson y al señor Jarndyce que hemos encontrado a este Jo, que cuenta una historia tan extraña, para que puedan hablarle si lo desean, para lo cual serÃa preciso, al menos por el momento, meterlo en una casa decente. Pero ese infeliz no ha tenido nunca, como puede verse —dice Allan, que sigue la mirada del militar hacia la entrada—, grandes relaciones con personas honradas, y eso es lo que me preocupa. ¿Conoce en la vecindad alguna persona decente que consintiese en recibirlo? Le pagarÃa por adelantado el alquiler.